Hoy soy una persona extrañamente libre como nadie pudo serlo antes. Sé que a mí no puede pasarme nada, siempre y cuando vaya lo más rápido posible.
Siento mi coche rojo deslizarse potente, decidido y viril. Una euforia desbordante me invade cuando piso a fondo y afilo la sonrisa al recordar las sirenas de la policía.
El terror me asalta con la mirada sorprendida y aunque ahora estaba lejos, cada vez más, no podía evitar que aquella imagen, aquellos ojos invadieran mi memoria y los sentidos.
Trato de dominarme y me digo que al fin y al cabo siempre quise tener un coche rojo y que ahora, por fin, conducía uno.
Entonces puse la radio.
.......................................
Traducido por Hector Urien.