Me gustan las personas estúpidas porque son sencillas. Porque cuando hablas con ellas te das cuenta que hay gente menos capacitada para reaccionar. Gente que verdaderamente no sirve para el oficio. Que no son aptos para disfrutar de lo que nos están dando. Seres a los que les preguntas qué te gusta y gustan de tantas cosas que jamás se quedarían con una sola. Me gustan también los que cierran sus bocas como si contuvieran la respiración. Se ponen de color verde sobre las mesas repletas de comida dando un toque de distinción para cualquier familia. Vomitan de color verde y algo viscoso les aflora por el culo después del baño. No huelen mal porque conviven con su propio sudor eternamente. Se fumigan con su hedor a cada hora evitando así un contagio masivo.
Jamás servirán para nada. Lo sé. No podrán disfrutar de su trabajo, ni comprender bien a sus amigos. Poco a poco se irán quedando solos, con la boca abierta. Sin amor porque se aman tanto, se complacen tanto, se lastiman tanto, que olvidaron si en algún momento de su vida estuvieron solos. Muy solos. No sabrán si fueron traicionados puesto que son incapaces de discernir su propia realidad. Les costará expresarse porque su cabeza anormal difunde varias ideas al mismo tiempo. No pasa nada, no temas si algún día uno de ellos te abraza. Están buscando una almohada porque no saben conciliar el sueño. Quizá terminarán dibujando, musicalizando, fotografiando o clasificando sus pesadillas. Eso no lo sé pero es importante que termine en ando porque esta finalidad en las palabras la interpretarán como un paso más en su interminable carrera. Entonces antes de expulsar la frase musitarán “ando” con el fin de comunicarse, otros quedarán tirados en un callejón con el maldito frío que ha hecho esta noche.
Buenas noches al resto,
la mitad se quedará pensando.
